Aceleracionismo fatalista. Nos despertamos cada día con la sensación de que estamos cada vez más cerca del final. Experimentamos una terrible sensación de que no hay remedio, de que no hay nada que se pueda hacer porque nuestro destino está en manos de locos dispuestos a cualquier cosa en la lucha por la hegemonía.
La velocidad aumenta y aumenta. Más noticias, más estímulos, más información. Lo último. Breaking news. Ragebait, rageposting y todo lo demás. No puedes actuar, solo reaccionar, soltar tu indignación en un post y volver a abrazar el ritmo que toque.
Pero es mentira, sí que hay algo que puedes hacer: bajarte de la ola y pensar mucho más despacio, intentar oxigenar tu cerebro antes de participar de una conversación pública que ni es conversación ni es pública.
¿Y si bajamos tres marchas? ¿Y si dejamos el acelerador para el engranaje de los jefes y bajamos revoluciones?
No me refiero a abandonarlo todo, nadie te va a echar en falta porque hay demasiado a lo que reaccionar en cada instante. Es más bien retorcer el juego, decir al algoritmo que a tomar por saco el algoritmo. Tomar el control poniendo en el medio algo mucho más importante: nosotrxs. Tú, esxs que están a tu lado, esxs que de vez en cuando te preguntan y se interesan por cómo estás, la gente que es capaz de verte por lo que eres y no por lo que haces o por lo que enseñas en una red o en otra.
Somos lo que somos, no lo que hacemos. Abandona la marca personal, el autolatigazo y el enfado permanente. Si controlan tu rabia enfocan tu resistencia y, en realidad, deberías manejarla tú y dirigirla donde y como quieras en todo momento.