Fútbol

No soporto a la gente que utiliza el desprecio al fútbol para tratar de colocarse un peldaño por encima en una supuesta superioridad intelectual.

No han entendido nada, no son capaces de comprender que el fútbol pertenece a la gente, que es una de las maneras más poderosas del mundo de generar comunidad, de construir vínculos duraderos y de hacer que, aunque sea solo un rato, olvidemos todo lo que ocurre en nuestras vidas para centrarnos en algo que carece de trascendencia.

Mi abuelo paterno desarrolló una demencia al final de su vida. Poco a poco iba resultando cada vez más confuso mantener conversaciones con él. A veces te reconocía, otras no, pero había una pregunta que siempre, sin excepción, repetía: ¿cómo quedó el Celta? Si le decías que había ganado se alegraba. Si había perdido chasqueaba la lengua y mascullaba que había que seguir dándolo todo. A veces, mi padre, le respondía que esa semana no había jugado y era en ese momento cuando más se desorientaba. De alguna manera, para él, su equipo tenía que jugar todos los días.

Aquel hombre que ya apenas sabía quiénes éramos se murió sin olvidar jamás cuál era su equipo.

Y tú me quieres contar que el fútbol es lo peor del mundo y una cosa de bárbaros descerebrados.

Pues nada, suerte con eso.

Yo no soy futbolero. Fui socio un par de años, pero mi principal motivación era ir con mis amigos. Hoy en día solo me mantengo pendiente de los resultados de mi equipo o bueno, del equipo de mi abuelo, siempre fue mucho más suyo que mío.

Sí, la liga de fútbol profesional es Satán. La federación española ni te cuento. El Real Madrid de Florentino es Belcebú… la lista de imbéciles, mafiosos, carroñeros y entes despreciables rodeando al balón es inacabable. Los futbolistas millonarios que acaban convertidos en estúpidos es gigantesca. No tiene discusión.

Pero todo eso, por malo que sea, no es el fútbol o al menos no es todo el fútbol. Porque también es barrio, emoción, cercanía, euforia y miles de emociones compartidas. Si nunca has estado en un estadio con decenas de miles de personas cantando lo mismo a la vez es complicado que comprendas bien lo que trato de explicar. La gente en la grada (y no hablo de los palcos) se iguala, el contagio emocional se expande y algo que dura solo una hora y media puede tener una repercusión catártica de días.

Insisto, yo no soy futbolero, pero sé lo que es serlo y por eso lo respeto profundamente. Hasta el punto de que cuando escucho o leo a alguien arremeter contra el fútbol, así en general, hace que inmediatamente me haga desconfiar porque lo más seguro es que sea un ignorante.


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